Nunca antes la política había movido tantas emociones en mí.
Y curiosamente, nunca antes me había conectado tanto con mi humanidad.
Estos días me han enseñado mucho; sobre lo que me duele, sobre lo que amo, sobre lo que estoy dispuesta a cuidar y proteger.
He entendido que tener una postura política, económica y social es importante, pero aún más importante es no perder la capacidad de ver al ser humano que tienes al frente, con todos sus matices y en total integridad.

Porque detrás de cada voto hay una historia:
Hay miedos, hay esperanzas, hay heridas, hay contextos que muchas veces desconocemos y eso merece respeto.
¿Es fácil empatizar con quien piensa distinto?
No.
Requiere tiempo, conversaciones difíciles, energía, renunciar a la comodidad de creer que tenemos siempre la razón.
Pero vale la pena.
Porque la democracia no consiste únicamente en elegir un rumbo, también consiste en aprender a convivir después de elegirlo.
Yo no voto solamente por mí.

Voto pensando en los niños que merecen oportunidades, en los campesinos que alimentan este país en los estudiantes que sueñan con un futuro mejor.
Por la cultura, el arte en todas sus expresiones y lo que no se puede medir cuantitativamente, porque solo lo entiende el alma.
También voto por los que no tienen voz, por los animales, la naturaleza.
Por quienes han tenido menos oportunidades, por quienes necesitan más cuidado.

Y también voto pensando en quienes no van a votar igual que yo, porque el país que sueño no se construye eliminando al otro, se construye encontrando formas de avanzar juntos.
Entiendo la frustración que existe, el miedo, incluso la rabia, pero cuando convertimos al otro ciudadano en nuestro enemigo, dejamos intactas las estructuras que realmente producen muchos de nuestros problemas.
Y ahí perdemos todos.

En mi casa nunca faltó nada, hubo lo básico y mucho amor entre mis papás, entre hermanos y de ellos a nosotros.
Y precisamente por eso entendí que el privilegio no es algo para sentir culpa.
Es una responsabilidad, una oportunidad para servir, para aportar, para tender la mano, para crear.
Mañana cada uno tomará su decisión y sea quien gane, ganará en democracia.
Después de eso hay que seguir buscando oportunidades para el país.
Trabajar, escuchar, corregir y construir puentes que nos permitan prosperar junto a lo diferente.

Porque Colombia seguirá necesitando algo que ningún candidato puede entregarnos por sí solo:
Ciudadanos capaces de cuidar a otros seres humanos.
El país lo construimos los ciudadanos, no los gobiernos.
Vota libre, vota en paz, que mañana todos ganamos si aceptamos y lo hacemos con respeto.
¡Nos vemos en las urnas y que Dios nos proteja!
