El fin de semana pasado hice algo que a veces olvidamos cuando estamos persiguiendo un objetivo grande: parar.

Subí a una finca a visitar a mi familia.
Entrené en la montaña, estiré rodeada de naturaleza, comí rico y sobre todo, me desconecté.

No del reto.
No del compromiso con los 42K, me desconecté del ruido.

A veces creemos que prepararnos para una maratón significa empujar siempre más fuerte: más kilómetros, más disciplina, más exigencia.

Pero entrenar para una carrera larga también implica algo que casi nadie menciona: crear espacios para volver a ti.

Correr en la montaña me recordó algo simple pero profundo:

Cuando corres rodeado de naturaleza, el ritmo cambia, la respiración se vuelve más consciente y la mente se calma.

No estás peleando contra el reloj ni pensando en tu pace, estás simplemente… presente, donde la música es la naturaleza.

Mientras corría por la montaña y en esa conexión apareció una pregunta incómoda:

¿Qué se esconde detrás del 42K este año?

Esta maratón no es solo un reto físico para mí, es un entrenamiento para sostenerme.

Para no esconder lo que elegí compartir con otros corredores, para confiar en que esta conversación sobre #caminoal42k puede servirle a alguien más.

Porque al final todos estamos atravesando algo en algún área de nuestra vida:

Un reto.
Un cambio.
Un sueño que todavía no nos atrevemos a mostrar completamente.

Y muchas veces lo único que nos frena no es la falta de capacidad, sino el miedo a exponernos.

Prepararme para correr 42 kilómetros me ha hecho enfrentar muchas cosas.

El cansancio.
La disciplina.
La constancia.

Y sobre todo el vértigo a ocupar ese espacio, mi espacio.

Pues a veces liderar simplemente significa atreverte a mostrar lo que crees, compartir tu voz junto a otros y sostener lo que estás creando.

Este proceso hacia los 42K me está enseñando algo que decido recordar siempre:

Entrenar el cuerpo es importante y que cuando te das el espacio para escucharte, muchas veces encuentras las respuestas que estabas evitando.

¡Y ahí todo cambia!

Porque es durante el entreno donde sacas el coraje para mostrarte, aparcer y habitar tu espacio.

Muchas veces creemos que lo que nos detiene es la falta de preparación, de talento o de experiencia, nos decimos que todavía no estamos listos.

Que necesitamos entrenar más, aprender más, esperar el momento perfecto.

Pero si somos honestos con nosotros mismos, muchas veces no nos detenemos por falta de capacidad, nos detenemos por algo mucho más silencioso.

El miedo a ocupar ese espacio.

El miedo a que otros vean lo que estamos construyendo.

El miedo a no estar a la altura de lo que decimos.

El miedo a que nuestra voz no sea suficiente.

Y entonces nos escondemos en lugares que parecen productivos:
seguir preparándonos, seguir esperando, seguir perfeccionando, pero en el fondo sabemos la verdad.

No siempre necesitamos más preparación, a veces necesitamos más valentía.

Valentía para mostrarnos incluso cuando todavía estamos aprendiendo.

Valentía para compartir el proceso mientras lo atravesamos.

Valentía para ocupar un lugar que, aunque nos incomode, ya es nuestro.

Quizá por eso este camino hacia los 42K se ha vuelto algo más que una carrera para mí, es una práctica para recordarme que la transformación no siempre se ve elegante, mucho menos perfecta.

A veces se ve simplemente así:

¡Dando un paso al frente… incluso con miedo.

Ahora quiero dejarte una pregunta para tu propio reto:

¿En qué parte de tu vida sabes que estás listo para ocupar ese espacio, pero todavía te estás conteniendo?

Seguimos en el #CaminoAl42K Go Go Go!!!