El día que entendí que liderar no era verme perfecta, sino volver a mí una y otra vez

Hace poco culminé un programa de liderazgo y entendí algo que me atravesó profundamente:

Esto no termina, hasta mi último día.

No se trata de “llegar”.
No se trata de quedar completamente resuelto.
No se elimina del todo el miedo, el ego, las dudas o las contradicciones.

Sigues bailando entre ser tu mayor juez y tu mejor soporte, con la diferencia de que ahora es más divertido y fluido.

Recuerdo que antes lo rechazaba, me incomodaba muchísimo confrontarme pues quería sentirme “lista”, “evolucionada”, “coherente” todo el tiempo.

Hoy entiendo que el verdadero trabajo no es eliminar el ego, sino aprender a reconocerlo cuando me respira en la nuca y aun así elegir conscientemente.

Entonces decidí mejor hacerlo mi amigo y bailar juntos las veces que sea necesario.

El gimnasio del ser

Amo profundamente estos espacios porque me recuerdan algo esencial:

Sigo aquí para servir.

Para amar.
Para crear posibilidades.
Para construir un campo energético más humano, más consciente y más esperanzador junto a otros.

¡Y obvio eso implica primero mirarme a mi!

Implica mirar de frente mis fallos, mis resistencias, mis quiebres, mis miedos, todo eso que todavía me usa y poco a poco ir trabajando mi integridad.

Porque la integridad no es perfección, la integridad es consciencia + práctica y equilibrio día a día.

Me pusieron frente a mí misma

Una de las cosas más poderosas del entrenamiento fue sentirme observada con lupa frente a otros.

Incómodo, muy incómodo, pero profundamente liberador.

Porque ahí entendí cuánto tiempo podemos pasar escondiéndonos detrás de discursos bonitos, ideas elevadas o versiones editadas de nosotros mismos.

Y no, la verdadera transformación ocurre cuando empiezas a quitarte capas.

Capas que sostienen personajes.
Capas que sostienen defensas.
Capas que sostienen heridas.

Hasta desnudar un poco más el alma y desde ahí trabajar por ser una persona auténtica, vulnerable y humana.

La palabra que quedó tatuada en mí

Si tuviera que resumir todo el proceso en una sola palabra sería esta:

INTEGRIDAD

Pero no la integridad rígida, sino la integridad viva, la integridad humana, la integridad como coherencia entre lo que digo y cómo estoy viviendo.

Porque ahí entendí algo brutal: “DigoEs.”

Así de simple, así de confrontador.

La integridad es cerrar la brecha entre mis palabras y mis acciones, es observarme y reajustar, una y otra vez.

Es dejar de romantizar quién “podría ser” y empezar a habitar quién estoy eligiendo ser hoy.

Entonces me hice preguntas incómodas

¿Cómo se vería realmente mi vida siendo una persona íntegra?

¿Cómo está mi compromiso conmigo misma y con los demás?

¿Dónde no me estoy cumpliendo?

¿Mi rueda gira… o solo aparenta girar?

¿Con quién necesito ser más honesta?

¿Estoy predicando lo que digo?

¿Qué tanto estoy viviendo lo que comparto?

Y una pregunta que todavía me persigue:

¿Qué es algo que puedo hacer lentamente… y aun así amarlo?

Porque quizás ahí está la verdad de todo.

La rueda de mi vida

El entrenamiento me mostró que hay áreas donde estoy creciendo muchísimo…y otras donde todavía me estoy escondiendo.

Y mi compromiso ahora es que durante 3 meses decido enfocarme especialmente en dos:

Relacion e impacto pues son las areas más abandonadas, con mayor resistencia en la rueda de mi vida hoy.

Porque sí, también elijo crear una vida donde exista espacio para amar, construir familia, generar impacto mientras emprendo y en mi vida hay espacio para una relación romantica, para crear familia, para crear tribu, para generar impacto y servir desde mi versión utentica.

Declaro ser una mujer una mujer abundante, capaz y valiente, una mujer que puede sostener amor e impacto al mismo tiempo.

¿Y si todo fuera una conversación?

A veces pienso que sueño demasiado, que idealizo un mundo humano, empático y cada vez más consciente; un mundo donde seamos más equipo y menos competencia.

Y sí… a veces parece utópico, como una fantasía imposible, pero después recuerdo algo:

Existen dos realidades, la física que es todo lo dado y la cuántica que es la que yo construyo a partir de mis conversaciones y desde ese poder e incertidumbre me muevo hacia adelante.

Todo empieza con una conversación

El entrenamiento me dejó algo clarísimo:

No se trata de acumular información, no se trata de saber más, se trata de transformar la relación contigo mismo, con los demás y con la vida.

Porque las ideas bonitas no transforman, lo que transforma es atreverte a habitar distinto para decidir distinto.

Incluso cuando implica incomodidad, confrontación o incertidumbre, pues ahí es donde aparecen nuevas conversaciones y esas conversaciones crean nuevas posibilidades.

New Life Center: el gimnasio del ser

Para mí, New Life Center es eso, un gimnasio del ser, un espacio donde entrenas el ego para poder escuchar al alma.

Donde aprendes a observarte sin anestesia, a responsabilizarte, a liderar desde la coherencia.

Y entendí algo más:

Vivimos en oraciones contestadas… y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta.

Hoy elijo esto

Vivir en el eterno presente, confiar más, servir más y recordar que:

“Del tamaño de tus sueños, serán los precios que tendrás que pagar.”

Entonces sí, seguiré entrenando, seguiré confrontándome, seguiré bailando entre mi caos y mi consciencia.

Esta vez desde la integridad para que mi rueda gire ligera y constante en esta paradoja llamada vida.

Así que ahora te pregunto: ¿Tu rueda gira?

Y si no, ¿Qué harías para que tu rueda gire?

Siempre recuerda que estamos vivos y eso ya es suficiente motivo para ir por todooo.

¡Gracias por leer RQ!