Si estás perdiendo la fe en la humanidad, sal a correr una maratón

Hay semanas en las que abrir las noticias pesa.

Violencia, guerras, catástrofes, polarización, odio, etc..y entonces aparece esa pregunta incómoda:

¿Qué nos está pasando como humanidad?

Confieso que esta última semana me la hice muchas veces.

¿Para qué tanta ambición?

No encontré todas las respuestas, pero sí encontré un lugar donde volver a creer; una línea de salida.

El domingo crucé una nueva meta, 21 kilómetros en la Media Maratón de Cali.

Más de veinte mil personas reunidas por una misma razón y curiosamente, mientras afuera el mundo parecía gritar, allí adentro todo hablaba otro idioma; el idioma de la esperanza.

Esta vez no hubo récord personal, pero ya entendí que no todas las carreras vienen a darte una marca, algunas vienen a darte perspectiva.

Los 21 kilómetros siguen siendo mi distancia favorita porque ahí no solo entreno piernas, entreno paciencia, carácter, resiliencia, confianza y sobre todo, la capacidad de sostenerme cuando la cabeza empieza a negociar con el cuerpo.

Mientras corría apareció una conversación que no esperaba; pensé en todo lo que había visto durante la semana y entonces entendí algo.

El running me devuelve la fe en la humanidad porque durante unas horas desaparecen los títulos, las ideologías, las diferencias, solo quedan personas.

Una alentando a otra, un desconocido ofreciéndote agua, un voluntario sonriendo durante horas, miles de personas celebrando que alguien más llegue a la meta.

Eso también somos y necesitamos recordarlo más seguido.

Correr nunca ha sido solamente deporte para mí, es un entrenamiento del alma, es el lugar donde dejo de pelear con aquello que no puedo controlar.

Donde aprendo a rendirme a la incomodidad, donde dejo de cargar lo que no me corresponde, donde vuelvo a escucharme porque el cuerpo siempre termina diciendo la verdad.

Con el tiempo descubrí que todos necesitamos lugares donde regular nuestro sistema nervioso.

Los míos son escribir, meditar, caminar descalza, el agua fría, la naturaleza, el sol, Dios y correr porque correr es una conversación.

Con tus miedos, con tus fantasmas, con tus sueños, con la persona que estás construyendo.

Hay una frase que no dejó de acompañarme durante toda la carrera:

"La vida es un milagro caótico y hermoso."

Quizá el problema es que muchas veces insistimos en controlar lo que solo podemos agradecer y entonces olvidamos vivir.

Olvidamos abrazar, olvidamos mirar al otro, olvidamos que el tiempo es limitado.

Por eso creo que el amor sigue siendo la decisión más revolucionaria.

No un amor ingenuo, sino uno que se expresa en empatía, en diálogo, en humildad, en tender la mano, en elegir construir puentes incluso cuando parece más fácil levantar muros.

"Que nuestro privilegio nunca nos robe la capacidad de cuidar porque acompañarnos en las subidas difíciles hace que las bajadas se disfruten mucho más."

Y si hubo un momento que guardaré para siempre fue ver a mi papá correr sus 10K y a mi tía, con 81 años, completar sus 5K.

En ese instante entendí que las medallas son hermosas, pero compartir el camino con quienes amas…eso sí que no tiene precio.

Gracias, Media Maratón de Cali por recordarme que todavía existen miles de personas apostándole a la vida, que todavía vale la pena creer.

Y que, aunque el mundo a veces parezca romperse…

"El amor sigue teniendo miles de corredores dispuestos a sostenerlo."

Cuando sientas que estás perdiendo la fe en la humanidad, apaga las noticias por un momento y ve a la línea de salida de una carrera.

Ahí recordarás que todavía existen miles de personas dispuestas a levantarse temprano, ayudarse, celebrar al desconocido y creer que siempre es posible dar un paso más.

¡Nos vemos el próximo año media maratón de Cali!

Más fuertes.

Más presentes.

Más humanos.

Rise & Shine!

Un abrazo RQ, nos vemos en el asfalto.

¿Cuál es tu siguiente aventura?