Cruzar una meta debería sentirse como un final feliz.
Después de meses de entrenamientos, madrugones, dolores y sacrificios, llega ese instante donde escuchas tu nombre, ves el reloj, cruzas la línea y el corazón estalla.
Pero a veces, justo después, aparece algo inesperado: un silencio.
El cuerpo celebra, sí.
Pero el alma… se queda vacía.
Nadie te prepara para ese momento, para cuando ya no hay una carrera que te motive a levantarte.
Para cuando miras la medalla y sientes que no llena tanto como creías o cuando el tiempo del reloj no refleja todo lo que viviste dentro.
POST RACE CRASH: bajan los niveles de hierro, cortisol, dopamina y sube la fatiga, el sueño y la sensación de "vacío".
Algunos lo disfrazan con otra meta:
“Ahora voy por los 21K… ahora la maratón… ahora mejorar el tiempo.”
Pero, en el fondo, lo que realmente buscas no es un nuevo reto, sino sentir algo auténtico otra vez.
Volver a correr con sentido, con alma, con propósito.
Porque correr sin propósito es como correr sin aire: puedes hacerlo un rato, pero tarde o temprano te ahogas.
Y ese ahogo no viene del cuerpo, viene del alma cansada de demostrar, de compararse, de exigirse más y sentirse menos.
Y es que lo que nadie te cuenta tras cumplir un gran objetivo es que cruzar la meta no es el final, sino el inicio de un proceso diferente.
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Después de tanto esfuerzo, tanta disciplina y tanta energía puesta en un reto, el cuerpo y la mente se quedan en silencio, pero ahí, justo ahí, está la verdadera enseñanza:
¡Aprender a parar, a escuchar y dar valor a lo que se ha conquistado!
Escuchar el cuerpo sin reloj, sin presión, también es avanzar, es parte del proceso para volver más fuerte a lo siguiente porque si solo celebras el resultado, te pierdes el regalo del camino.
El crecimiento está en cada kilómetro que corriste dudando, pero sin rendirte, en cada respiración que te sostuvo cuando el cuerpo pedía parar, en cada emoción que soltaste sin darte cuenta, paso a paso.

La verdadera carrera no empieza cuando suena el disparo, empieza cuando te atreves a mirar hacia adentro.
Cuando te preguntas:
- “¿Qué parte de mí estoy dejando atrás cada vez que cruzo una meta?”
- “¿Qué historia quiero correr ahora, que no dependa del reloj ni del resultado?”
Ahí comienza Caminarte Runners; un espacio para volver a lo esencial, para recordar que correr es un regalo y que solo tiene sentido si lo haces con sueños en tu corazón.

Te invito a correr diferente: de adentro hacia afuera, con propósito, presencia y alma.
Porque la carrera más importante no se corre en la calle…se corre dentro de ti.
