Hace un año viví la Maratón de Cali desde la tribuna y fue… WOW.
La energía, la gente, la emoción en cada paso, pero si soy honesta, mientras aplaudía había algo dentro de mí que quería estar ahí.
En el asfalto, en la candela, en ese lugar donde todo se vuelve real porque la maratón tiene algo único, algo casi adictivo y sagrado.
Te pone frente a ti; sin máscara, sin excusas, sin mentiras, te devuelve exactamente el esfuerzo que le pusiste, ni más, ni menos.

En algún punto, dejas de correr para escapar y empiezas a correr para encontrarte, para descubrir una nueva versión de ti, la que eliges, la que construyes paso a paso.
Hoy, a pocos días de vivir la segunda edición, se siente distinto, se siente lindo, retador, con esa ilusión de dejarlo todo en el asfalto.
Estoy aprendiendo a estar incómoda, sin huir, a quedarme, a ir más profundo...
Sí, hay nervios, pero de los buenos, de esos que no paralizan, sino que te recuerdan que estás a punto de hacer algo grande, algo que te saca de tu zona de confort y te lleva directo a ti.
Me emociona pensar en cada persona que va a estar ahí, cada historia, cada lucha interna y cada “para qué” porque nadie corre una maratón por casualidad.
Detrás de cada 42K, de cada 15K, incluso de cada 4.2K, hay una decisión poderosa: elegirse.

Elegir vivir el proceso, sostenerse y llegar o al menos intentarlo con todo y esa… es la verdadera belleza de las carreras.
Para mí, la maratón empieza en el kilómetro 30, ahí todo cambia; tu cuerpo ya no responde igual, tu mente empieza a negociar y entras en una especie de cueva oscura.
Pero si decides seguir, esa cueva se transforma en un túnel y ahí ocurre algo increíble: empiezas tu propio viaje del héroe.
No se trata solo de llegar a la meta, se trata de lo que descubres en ese proceso, de lo que se revela cuando ya no tienes energía para sostener una versión falsa.
Ahí aparece lo real, lo esencial, lo que verdaderamente eres.

Y algo más, crees que compites con otros, pero no es así, tu verdadero rival eres tú.
Compites en cómo gestionas tus ritmos, en las decisiones que tomas, en cómo respondes cuando todo se complica, en saber cuándo empujar…y cuándo soltar.
Esta vez elijo correr diferente, con intenció, gratitud y con el corazón puesto en Dios, con Él y para Él porque correr, para mí, también es una forma de volver, de soltar, de agradecer, de reconectar con lo que realmente importa.
No es mi primera maratón, pero sí es mi primera en Cali, con mi ciudad y mi gente y eso lo hace aún más especial.

Si pudiera darte un consejo desde mi experiencia runner sería este:
Corre con cabeza.
Respeta tu proceso.
Escucha tu cuerpo.
Y usa la respiración como tu guía.
Ahí está todo porque al final correr una maratón no es solo un reto físico, es un reset.
Un espacio para ordenar, para soltar lo que pesa y para viajar más ligero. para volver a la vida con más claridad, más fuerza y el corazón despierto.
De verdad qué emoción ese día, les deseo lo mejor para todos los que van a estar ahí, nos vemos en el asfalto.
Y si no corres, pero estás en Cali, sal a apoyar porque esto no es solo una carrera.
Es una fiesta.
Es vida.
Es comunidad.

