Agostooo ¡qué voltaje!, nos pusiste a prueba.

El sistema nervioso en alerta máxima, tensión, crisis, cierres profundos, personas que llegan, personas que se van, cosas que terminan sin que estuviéramos preparados, cambios de planes, miedo, incertidumbre y preguntas que no tienen respuesta inmediata.

Mejor dicho; todas las emociones al mismo tiempo y quizás eso fue agosto, un mes que no pidió permiso para movernos el piso.

Pero después de la etapa de resistir, algo empieza a cambiar...

La respiración vuelve.

Aparece un poco más de claridad, hay espacio para sanar, vuelven las ganas de actuar, la empatía se hace más presente y poco a poco empezamos a entender que no se trata de volver exactamente al lugar donde estábamos, sino de descubrir qué podemos construir después de todo lo que se movió.

El corazón tiene su grieta pero siento que el terreno está limpio para lo siguiente.

Y quizás ahora septiembre pueda traernos la miel disponible para cada uno.

Cuando el piso deja de ser seguro

Hay cosas que no se entiende racionalmente y otras que solamente se comprenden cuando las vives.

Ese día entendí que una casa puede dejar de ser hogar en cuestión de segundos.

Salimos bien, los míos estaban bien, pero después vino la realidad de muchas otras personas.

Edificios destruidos.
Familias buscando a los suyos.
Personas que perdieron sus casas.
Personas que perdieron familiares.
Personas que todavía estaban intentando entender qué había pasado.

Y una ciudad entera intentando recuperar algo que parecía tan básico como la sensación de estar a salvo.

Yo también tuve que desalojar mi apartamento y eso también ha sido parte del proceso porque no solamente se mueve una ciudad.

A veces también se mueve la idea que teníamos de nuestra propia vida.

Los planes cambiaron.

Las rutinas cambiaron.

La casa cambió.

Y yo cambié.

Pero entonces ocurrió algo hermoso

En medio del caos apareció algo que también estaba ahí, esperando ser visto:

¡La gente!

Durante esos días pude sentir una solidaridad diferente.

Personas ayudando.
Compartiendo.
Preguntando qué hacía falta.
Llevando comida.
Acompañando.
Abriendo sus casas.
Poniendo sus manos al servicio de quien lo necesitaba.

Por un momento dejamos de preguntarnos de dónde veníamos, qué pensábamos o qué nos dividía.

Simplemente vimos a alguien que necesitaba ayuda y ayudamos.

Quizás una tragedia nos recordó algo que la vida cotidiana consigue hacernos olvidar:

somos mucho más parecidos de lo que creemos.

Todos anhelamos estar a salvo y encontrar a quienes amamos.

Todos necesitamos tener un lugar al cual regresar y encontrar una mano cuando el piso se mueve.

La compasión también es una forma de fuerza

Si tuviera que definir agosto en una sola frase sería:

La compasión es la medicina del alma.

Porque este mes me recordó que ser fuerte no significa no sentir, tragarse el miedo y decir “todo estará bien” mientras por dentro estamos hechos un nudo.

Ser fuerte también puede ser permitirnos llorar, pedir ayuda, abrazar y estar presentes.

Reconocer nuestro privilegio sin sentir culpa por estar bien y tener suficiente sensibilidad para mirar el dolor del otro sin olvidar cuidar el propio.

¡Creo que eso también es correr con el alma!

No correr para escapar de lo que sentimos, sino aprender a estar presentes incluso cuando el camino cambia.

Bienvenido, septiembre

Después de un mes como este, elijo soltar el control total para entrar a septiembre con presencia, claridad y compasión.

Con la disposición de reconstruir lo que tenga que reconstruir y dejar ir lo que ya cumplió su ciclo.

Quizás no necesitamos tener todas las respuestas, quizás solamente necesitamos hacer espacio para que aparezcan.

Agosto nos movió, nos sacudió, nos recordó que nada es completamente seguro y que la vida puede cambiar de dirección en segundos.

Despido Agosto con gratitud por recordarnos lo más importante:

Seguimos aquí con posibilidad de abrazar, de construir sueños, apoyar a otros y empezar de nuevo más ligeros y conscientes de lo efímera que es la vida y precisamente por eso es valiosa.

¡Bienvenido, septiembre!

Que llegue con nuevas oportunidades, con propósito, con movimiento y con la suficiente calma para reconocer la miel que la vida ya tiene disponible para cada uno.

El terreno está limpio, listo para recorrerlo.

Un abrazo RQ