Hoy es evidente nuestra dependencia al celular, pues lo usamos para todo, absolutamente para todo y sin darnos cuenta, pasamos de la utilidad al apego tóxico.
Considero que como casi todo en la vida no hay herramientas buenas o malas, sino libre albedrío para usarlas como lo decidamos.
El celular hoy en día es una herramienta poderosa y la diferencia está en el uso que le damos y en la responsabilidad que asumimos sobre ese uso.
Hace una semana me encontraba en Barcelona y a pocos días de volver me robaron el celular, algo que nunca imaginé ni que me pasaría y por lo tanto no contaba con un sistema de precaución o emergencia.

Antes durante el viaje que duró más o menos 2 meses había perdido de todo; billetera, dinero, ropa pero nada más relevante como el celular.
La buena noticia fue que no fue de manera violenta, sino de manera sutil, sin darme cuenta sino 20 minutos después cuando fui a buscarlo y ya no había rastro de él.
Recuerdo que ese día iba para una cena de hermanos que habíamos planeado para conversar entre nosotros y concluir el viaje, era ya de noche y aproveché para secar una ropa afuera, me puse la chaqueta y llevé la ropa en el coche y estuve en el momento "incorrecto" para que todo sucediera sí.
A pesar de todo decidimos ir a la cena juntos, con la esperanza de recuperarlo y de que alguien llamara a decir: "¡Hola aquí esta tu celular!" ....lo cuál no ocurrió.

Y no, lo que más me dolió no fue el objeto, fue la incertidumbre.
Ahí apareció la angustia real, una incertidumbre de perderlo "todo" en un segundo:
¿Mi iCloud estaba actualizado?
¿Mis fotos del viaje?
¿Mis escritos personales, esos que no comparto con nadie?
¿Mis recuerdos… desaparecieron?
Desde que llegué a Barcelona, lo que más valoré y disfruté fue el poder caminar para cualquier rumbo y sentir esa libertad que nunca en otro lugar había sentido, así que cuando sucedió fue muy raro, me sentí triste, ingenua y expuesta.

Me confié porque caminaba con una libertad que en Colombia no suelo tener y asumí que “a mí no me iba a pasar”.
Después vino la parte más peligrosa: el bucle mental que suele pasar ante una situación así:
“si hubiera hecho esto…”
“si no hubiera pasado por ahí…”
“si hubiera sido más cuidadosa…”
Recuerdo que, en la cena con mi hermano, él me hablaba de eso precisamente "Estabas en el lugar no indicado en el momento incorrecto, no por casualidad sino porque era lo que tenía que ocurrir, era la vida sucediendo y tenía que pesar de esa manera para mostrarte otras cosas que antes no verías."
Así que así lo interioricé e hice el pare del bucle pues al final eso no me llevaría a ningún lado.
Entendí que fue la vida ocurriendo en una ciudad grande, rápida, hermosa y también cruda.
Nada más, nada menos.

Lo curioso es que este viaje ha sido, justamente, sobre viajar ligero, soltar el control, sobre confiar, sobre abrirme a otras formas de vivir, convivir, compartir y servir.
Y justo ahí cuando estaba más abierta pasó esto.
Durante horas quise encontrarle un significado inmediato, una lección elevada, algo que justificara lo ocurrido.
Pero no, no es sano saltarse el proceso del duelo hay que vivirlo de manera incómoda, confusa, lenta, en compañía para poder transformarlo en algo mejor.

Al final este robo no me quitó las ganas de confiar, me recordó que confiar no es garantía de nada y aun así, sigo eligiéndolo.
Porque tengo clarísimo que el precio a pagar por cerrar el corazón por miedo sería mucho mayor a cualquier robo material.
A veces la vida responde a tus pedidos sin suavidad y sin adornos:
¿Querías soltar el control? Ten.
¿Paciencia? Ten.
¿Presencia? Ten.
El verdadero triunfo está en que lo externo no te domine, no te robe poder ni te desgaste por demasiado tiempo.
Y no, los recuerdos no se borran, no viven en un dispositivo, viven en mí.

Días después regresé a Colombia con nostalgia y gratitud, sin saber aún si recuperaría mi información, pero ya había entendido algo: todo lo vivido en Barcelona ya era mío, con o sin registro.
Los últimos días en Barcelona elegí disfrutar, confiar, compartir en familia y desconectarme de lo que no podía controlar.
Este capítulo de mi vida, que desde el inicio llamé viajar ligero:
Me liberó.
Me bajó el ego.
Me entrenó y recordó que todo es pasajero; las cosas, los lugares, las etapas, incluso las personas.

Por eso, cuando estoy, estoy de verdad y me entrego y soy menos vulnerable a las "perdidas" pues todo es temporal.
Y ya en Colombia, al recuperar mi cuenta de iCloud, tomé una decisión consciente y es crear una relación más sana con el celular.
Hoy tengo menos notificaciones activas.
Horarios claros.
Menos apps.
Más intención.
Porque sí, shit happens.
Pero también pasa algo más importante y es que tú decides qué haces con eso después.

Nos tomamos todo demasiado en serio.
Nuestros problemas.
Nuestras preocupaciones.
Nuestros dramas cotidianos, muchas veces pequeños comparados con el simple hecho de estar vivos.
Y la verdad es esta: nadie sale vivo de este juego.
Así que tal vez no se trata de acumular, controlar o postergar, tal vez se trata de soltar, de reír más, de agradecer sin esperar a perder, de disfrutar con lo que hay y con quienes están hoy.
Hoy camino más ligera.
Más atenta.
Más presente,
Más confiada en la vida porque entendí que no se trata de blindarse, sino de aprender a sostenerse cuando algo se rompe.
¡Gracias BCN, gracias familia Salud!
